No tengo derecho a ponerme celosa ,lo sé.
Pero tengo envidia, envidia de todas aquellas que pueden rozar tus labios.
Duele, duele pensar que ya no te tengo.
Me duele que estés mal, me duele que seas tan sumamente tonto.
Pero a pesar de todas las mierdas que me he tragado, de todos los golpes, de todas las caídas, te sigo amando.
Y las cuerdas, a pesar de todo, queda alguna que no se separa de ti.
Aquellas sirenas te seducieron.
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