-Mírate un segundo y piensa lo que has echo idiota.
+No he echo nada malo.
Dije con la mano derecha agarrada a la izquierda.
-¿No ves como sangra?
Me quitó la mano y empezó a salir más sangre, me comencé a marear.
+ Ayúdame.
-Te metiste en esto sola, saldrás sola.
+ No me metí sola, esto es culpa de mi depresión, depresión la cuál has provocado tú.
-Morirás lentamente, como debe de ser.
Se fue dando un portazo, y yo caí al suelo, salía cada vez más sangre.
Al final no pude más, y decidí cerrar los ojos.
+ ¡Te amo!
Fue mi última palabra.
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