martes, 19 de abril de 2011

Una pequeña tarde de otoño

Una tarde de otoño, una pareja de adolescentes paseaba por un pequeño parque... ella acababa de sufrir la muerte de un ser querido, y andaba cabizbaja y con los ojos lagrimosos.
Él al verla de ese modo, lo soltó la mano y acaricio su rostro.
-Pase lo que pase sabes que puedo ayudarte, ¿Verdad?
Ella le sonrió con esa sonrisilla tonta que se le ponía al oírle y se le saltaron las lágrimas.
-Gracias.
Ella lo amaba como nada, él era su vida, y por lo único que seguía viva, si no, ya se hubiese muerto hace tiempo, tenía demasiados problemas.
Él la abrazo, un abrazo cálido con ternura, y le acarició el pelo, enredando sus dedos en el largo cabello rubio de ella, agachó un poco la cabeza hasta llegar a la oreja de ella.
-Te amo
Le susurró.
-No aguanto un día sin tus caricias, sin tus abrazos, sin ti.
Ella se retiró, y el dejo sus manos en las mejillas de ella. Ella tenia los ojos...estaba llorando, pero sus ojos al llorar eran tristemente preciosos, o eso creía él.
Ella dijo:
-Nunca me dejes-Suspiró-Te necesito conmigo, en los malos y en los bueno momentos.
Él se acerco lentamente a ella, y rozó sus labios con los de ella, mientras que le susurraba entre beso y beso:
-Te amo, te amo...
Se fundieron en un beso, tierno y romántico durante unos minutos. Después siguieron caminando, de la mano, hasta que llegaron a un banco y se sentaron.
Enfrente de ellos, había un puesto de flores, el pensó que era el momento perfecto para comprarle una rosa, roja, que significaba pasión y amor eterno.
Se levantó y caminó hacia el puesto, comprando una rosa roja.
Le puso un lazo, que tenía un anillo, un anillo de compromiso, él le iba a pedir matrimonio.
Se arrodilló ante ella, y le alzo la rosa.
-Pequeña..¿Quieres casarte conmigo?
Ella emocionada, salto a sus brazos, quedando tumbados en el suelo, y lloro, esta vez no eran lágrimas de dolor, eran lágrimas de alegría, y le sonrió.
-Si, si, si! Te amo!
Él rodeo su espalda con los los brazos y se incorporaron.
Él le colocó el anillo en el dedo anular de la mano derecha, y le besó.
Así acaba esta bonita historia de dos personas enamoradas.
Conclusión: No todos los amores terminan.

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